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“El periodismo se mira demasiado al ombligo hoy en día”

“La opinión recoge cierto pulso, da cuenta de un sentir o de una visión, y la fija para siempre”
“La opinión recoge cierto pulso, da cuenta de un sentir o de una visión, y la fija para siempre”

Cuando se habla de la incursión de alguna persona en el mundo del periodismo sin pasar por las aulas de la facultad, hay dos palabras que nos vienen a la cabeza: intrusión y vocación. En el caso de Alejandro Carantoña (@AlexCarantona) nos decantamos por la segunda, ya que ha demostrado, a través de su formación académica y su empeño y dedicación, que está totalmente capacitado para colaborar en medios como El Comercio o ABC. A pesar de esto, la honestidad de Carantoña le lleva a definirse, principalmente, como traductor jurado de francés especializado en el sector editorial y audiovisual, sobretitulador y, muy pronto, como director de escena. Pero, sobre todo, se caracteriza por su gran amor hacia la música, en general, y a la ópera, en particular.

Has pasado por las páginas de El Comercio y ABC como colaborador cultural, ¿crees que la vocación de periodista y su buen gusto a la hora de escribir pueden nacer fuera de las aulas?

El periodismo es un oficio que tiene más de artístico y de artesanal que de técnico. Por lo tanto, no solo es que lo necesario para ejercerlo pueda nacer fuera de las aulas, sino que debe hacerlo. En cuanto al gusto por la escritura, creo que debería ser consustancial a todo el mundo, se dedique a lo que se dedique. Pero con el presente sistema educativo, diseñado para extirpar cualquier pulsión artística o creativa a los niños, eso es imposible.

¿Por qué decidiste combinar tu trabajo en las áreas de la traducción e interpretación con la formación como periodista en ABC? ¿Qué te atrajo de la profesión de periodista?

En realidad yo empecé a colaborar con El Comercio durante los estudios de Traducción. Mi paso por ABC se produjo a renglón seguido, mediante su máster. Dejé de colaborar al acabar el máster y permanecí en El Comercio. En el fondo, tanto la traducción como el periodismo como la puesta en escena de ópera —que es mi proyecto profesional y vital de fondo— son caras de una misma moneda, de una forma de estar en el mundo: se trata de tomar algo que ya existe, aprehenderlo y volver a volcarlo. En otro idioma, en otro formato o en otro código. Mirar y contar, vaya.

¿Cómo definirías a un buen periodista?

Como alguien que sabe escuchar y actuar en consecuencia: escuchar a sus entrevistados, pero escuchar también a sus lectores. Escuchar a quien nadie escucha y escuchar, también, en las palabras que todos conocen algo distinto. Un buen periodista no lo es en ningún caso por su agenda, su influencia o el medio para el que escribe.

¿Qué opinas acerca de que el periodismo cultural no ocupe la misma cantidad de páginas ni las de mayor relevancia en los medios generalistas?

Yo soy de los que se opone a que el periodismo cultural tenga que llevar ese apellido. En los medios generalistas es una sección que suele servir para meter temas con escaso o nulo criterio editorial y para que escriban periodistas con algún sentido estético de la escritura, pero escaso criterio cultural o periodístico. En el mejor de los casos, es el refugio de los escritores, artistas y músicos frustrados. Pues no. El periodismo cultural tiene que ser ejercido por profesionales convencidos de que ese es su lugar, con espíritu crítico —no en un sentido económico o político, sino estético, artístico— y, sobre todo, eliminando la actitud prescriptiva, chulesca casi, de la mayoría. Con eso ya ganaría un peso y valor indudables.

¿Se hace un buen periodismo cultural en los medios especializados? ¿Cuáles destacarías?

No puedo opinar porque rara vez consumo crítica literaria o cinematográfica. Tampoco de arte. Esto se debe a que no me interesa especialmente que me cuenten si algo está bien o está mal, si le ha gustado o no al crítico de turno, etc. O sea, la actitud prescriptiva a la que me refería: busco en cambio que me iluminen sobre aspectos que se me habían escapado del producto, que me informen sobre qué y cómo voy a encontrar si me asomo a sus páginas. Esto se encuentra en la parte informativa, en todo caso, y en firmas muy escogidas y sin cuentas pendientes, desperdigadas por la prensa nacional. No hay ningún proyecto o producto que me parezca especialmente reseñable per se. En el caso de la ópera y el teatro musical, que son mi mundo (y que ya tuve ocasión de abordar desde el lado periodístico) las mayores lacras en lo que a prensa especializada se refiere son el amiguismo, el desconocimiento supino de lo que se hace puertas adentro y, en muchas ocasiones, la falta de respeto a los profesionales del ramo. Supongo que esto es extensible al resto de artes y mundillos. ¡Hay que remediarlo!

¿Concebirías tu colaboración en FronteraD a través de tu blog sin la valoración personal y la subjetividad?

Mi colaboración en FronteraD es un campo de pruebas, y quizás de minas. Hay tanta libertad, debido al pacto que existe entre la dirección de la revista y sus blogueros, que han brotado cosas muy interesantes, pero no lo consideraría en ningún caso una colaboración al uso. Precisamente ha servido para buscar una voz más subjetiva, para escribir sin pensar en los lectores en absoluto —que es algo necesario para probarse, para perder el miedo escénico—, y para hacerlo sin pensar en nada más que en ellos después. La opinión tiene algo de sello del momento en que vivimos: recoge cierto pulso, da cuenta de un sentir o de una visión, y la fija para siempre. Creo que es imprescindible porque, de lo que nos han dejado tiempos pasados, es lo que a mí al menos más me ha iluminado siempre.

Recientemente has publicado tu ópera prima literaria, ¿qué nos puedes contar acerca del libro? ¿Qué te aporta la escritura literaria (o el ensayo) frente a la periodística?

Es todo uno. Cuestión de oficio. Unas memorias artísticas de Emilio Sagi no es una biografía, ni un ensayo, ni una novela, ni siquiera una entrevista. Pero pretende —con naturalidad, sin forzar ni marcarse ambiciones descabelladas— serlo todo a la vez. Yo no escribo distinto, si hablamos de ejecución y observación, cuando me enfrento a un libro, a un ensayo o a una nota sobre la playa de Gijón: solo cambia el volumen, la intensidad y la implicación en el proceso previo. Creo que vivimos un tiempo en el que ya no valen las fronteras: ¡tenemos todas las formas de escritura y de arte a nuestro alcance!

¿Cómo percibes el panorama actual de las editoriales que publican libros sobre periodismo (o no) escritos por periodistas? ¿Reciben interés?

Por supuesto. Creo que es una tarea esencial y que además debe empezar a encontrar su espacio en los anaqueles editoriales, más que en los propios periódicos. El periodismo se mira demasiado al ombligo hoy en día: siempre hay columnistas opinando sobre columnismo; siempre hay un gurú que sabe qué hay que hacer con el periodismo y los periodistas y las empresas; todo el rato hay alguien opinando sobre el tema en todas partes. Suele decirse que la población se cree experta en economía, en política, porque siempre está dando su parecer sobre lo que ocurre. Pero hay un campo en el que esto es más grave si cabe: el periodismo. Hay que reconducir, especializar, elevar y acotar ese debate. Y las editoriales que están surgiendo son el mecanismo ideal para ello.

¿Qué libro sobre periodismo o escrito por un periodista recomendarías?

No me voy a complicar y voy a ir a lo básico: La escritura transparente, de Bill Lyon, recientemente aparecido en Libros del K.O. Lyon me dio clase y me enseñó muchísimas de las cosas que luego me han permitido desarrollarme en la escritura, el periodismo, ¡el teatro! y la vida cotidiana, sin más. Ese librito contiene respuestas y preguntas esenciales.