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“Esta es una profesión dura e ingrata y solo los ‘yonkis’ le encontramos el gusto”

"El problema del periodismo no es que no interese, sino que no lo estamos haciendo bien para conseguirlo"
“El problema del periodismo no es que no interese, sino que no lo estamos haciendo bien para conseguirlo”

“Los periodistas y comunicadores contamos historias. Algunas son crueles, otras graciosas. Algunas conmueven, otras entretienen. Muchas jamás serán recordadas, y otras ni siquiera serán leídas”. A la perfección recogen estas palabras de Borja Ventura (@borjaventura) la esencia de dedicarse al periodismo, con sus subidas y sus bajadas, con sus esfuerzos, unas veces recompensados y otras denostados.

Ventura es uno de esos periodistas que han nacido con los pies en la tierra, sin aires de grandeza, y que supo ver en Internet y en el esfuerzo, el campo de batalla y el arma más inteligentes para la lucha informativa. Es docente universitario, conferenciante y colaborador en diferentes medios escritos (ElDiario.es, Yorokobu o Jot Down) y radios, en los que ha publicado entrevistas a personalidades de la política como Dolores de Cospedal o José Montilla, y reportajes en Euskadi y Navarra sobre la izquierda abertzale. También ha puesto en marcha dos proyectos: TintaDigital.org y SesionDeControl.com, merecedores de varios premios periodísticos.

¿Has migrado a la lectura de prensa a través de tableta o móvil o eres todavía de los que (simbólicamente) se pringan las yemas de los dedos pasando páginas de papel?

La verdad es que solo compro prensa impresa en verano, y cada vez menos. Alguna vez alguna revista, pero casi nada. Leo todo a través del ordenador, la tableta o el móvil.

¿Cómo definirías el buen periodismo?

Depende. El que cuenta historias, el que descubre cosas, el que relaciona eventos, el que dice qué es importante y por qué, el que hace entendibles realidades complejas. El buen periodismo es todo eso, y mucho más.

¿Por qué te enfrascaste en esta tarea – muchas veces mal pagada y desagradecida – de contar y comunicar?

Porque siempre me ha gustado y porque, visto con el tiempo y la perspectiva, no sabría hacer otra cosa. Bueno, sí, hay otra cosa que me gusta tanto como escribir: enseñar. Pero, claro, puestos a hacerlo no sé enseñar otra cosa que a hacer periodismo o, al menos, a que los alumnos se hagan preguntas sobre la profesión.

¿Qué es lo más duro y lo más gratificante que te ha dado el periodismo?

Cosas duras muchas: críticas descarnadas, insultos, historias en las que pones muchísimo cariño y esfuerzo y luego no interesan a los responsables de los medios. Cosas buenas también muchísimas: comentarios de gente que se indigna, aprende o se emociona leyendo cosas tuyas, cosas que publicas con miedo y acaban siendo acogidas con entusiasmo. De todo hay, tras unos cuantos años en la profesión. Quizá lo más curioso haya sido el ser insultado a la vez por grupos antagónicos: que me llamaran amigo de etarras y franquista a la vez cuando estaba en Euskadi haciendo reportajes sobre la izquierda abertzale, por ejemplo. Hay miles como ese.

¿Existe esperanza para el buen periodismo a través de los medios nativos digitales o los tradicionales exponen buenas prácticas periodísticas todavía? ¿Qué queda por hacer en periodismo?

Queda todo, cada día. El problema del periodismo no es que no interese, o que no queden cosas por hacer, o que no haya esperanza. El problema del periodismo es que no lo estamos haciendo bien. El mejor ejemplo es la política: no interesa, la gente no vota y no ve programas políticos. Hasta que aparece un partido que engancha con muchos descontentos, o hasta que de pronto las televisiones empiezan a competir por poner un debate político el sábado noche (nos hemos vuelto locos). No es cuestión de que algo interese más o menos, sino de que se haga bien para que interese. En ese sentido, otro buen ejemplo es Jordi Évole que, sin hacer periodismo, nos ha dado un buen baño a muchos periodistas ¿Que lo de ETA no interesa? Pues él se casca un reportaje (o dos) en Euskadi haciendo lo que otros no hemos sabido hacer de la misma forma y revienta el audímetro.

¿Se hace actualmente un buen trabajo periodístico a través de las redes sociales?

No se puede generalizar: se hace un buen trabajo a veces y se hace uno horrible otras veces. Las redes sociales se están usando para el bien, que es informar, fundamentalmente de últimas horas, o para permitir compartir contenidos interesantes en base a lo que los lectores prefieren y no sólo a lo que la agenda mediática decide. Pero también se están usando para el mal, como intentar captar audiencia de forma desesperada con virales y contenidos estúpidos, o intentando ser los primeros a toda costa aunque por el camino se cometan errores descarados o se digan cosas que no son ciertas.

¿Crees que es más complicado explicar a tus alumnos universitarios lo que es el buen periodismo o practicarlo en tus publicaciones?

Con los alumnos muchas veces lo complicado es saber motivar. Muchos llegan con los brazos abajo, pensando en la crisis y el paro, descontentos por la formación que reciben y pensando que las clases les pueden aportar poco y que, quizá, se equivocaron eligiendo los estudios. Por suerte, a veces consigues conectar con algunos grupos y descubrir que, de alguna forma, has conseguido meter una pequeña semilla de curiosidad o ganas en alguno de ellos, o regar la que ya llevaban dentro. Esta es una profesión dura, muy vocacional e ingrata, y solo los yonkis le encontramos el gusto a esto. Hace falta serlo un poco de todo esto para sobrevivir.

¿Qué crees que es necesario hoy en día para emprender en periodismo de forma solvente? ¿Sigue siendo todo cuestión de números?

Hace falta suerte y hacer las cosas bien. Muchas veces la “suerte” depende de un enchufe, o de un contacto, o de un trabajo que te llega. La gente critica esas cosas, pero yo no: todos necesitamos una oportunidad. La cosa es aprovecharla, tener sólo una y demostrar que puedes hacerlo bien. A partir de ahí viene lo demás. Lógicamente al final esto es un medio de vida, más allá de que sea una pasión, así que los números son importantes, y esa es la parte complicada: es difícil encontrar dinero en este sector. La clave es hacerlo mejor que los demás o, al menos, de forma distinta, porque no tiene sentido practicar lo que todos los demás están haciendo ya desde hace un tiempo. Ejemplos de medios que lo hayan logrado hay un montón: ElDiario.es está logrando que buena parte de sus ingresos vengan de suscriptores sin haber cerrado su producto. Yorokobu, pese a ser una revista muy de nicho, factura una gran cantidad de dinero haciendo contenido. JotDown ha vendido más de 10.000 ejemplares de dos de sus revistas impresas (a razón de diez euros la revista). Hay mil fórmulas, la clave es tener algo que aportar.

¿Cuál es el panorama actual del sector editorial en el campo de los libros escritos por periodistas? ¿Reciben interés?

Sorprendentemente sí, y hasta puede que yo mismo me ponga en ello en breve. Hay editoriales interesadas en la narrativa periodística y, lo más llamativo para mí, hay público para ese género. A fin de cuentas, los periodistas somos escribas de nuestro tiempo, “cuentahistorias”. Y la realidad, a veces, tiene mucho de ficción.

¿Cuál es el último libro que has leído sobre periodismo y que recomendarías?

Ahora estoy ojeando dos: Peor habría sido tener que trabajar, de Txetxo Yoldi, y Se alquila Casa Blanca de Carlos de Vega. Debo confesar que no soy muy de libros, aunque me paso la vida leyendo. Pero, por lo que cuenta, si tuviera que recomendar un libro del gremio me iría a un clásico: How real is real de Paul Watzlawick. Me gusta mucho la idea de “realidad mediada”, de cómo la gente se cree que lo que contamos los medios es real. Y no lo es: es un compendio de rarezas y cosas noticiosas, que son solo una parte de la realidad. Esta suele ser aburrida y a los medios solo nos interesa lo espectacular. Así nos va.